La Batalla de Adrianópolis
Adrian Adrianópolis
( Miembro Número 2010 de
La Legión por La Destrucción
De La Realidad )


1.- La Realidad en tanto conjunto o estado completo de cosas o hechos, sólo puede ser una aproximación desde la interpretación que esa misma realidad permite como introyección (realidad del ser y el cuerpo).
2.- Por lo tanto, la Realidad sólo puede ser descrita y experimentada desde una posición personal errónea.
3.- Y entenderemos “erróneo” en relación con lo verificable, y también en relación con lo verdadero como adecuación de descripciones fácticas.
4.- Ya que la “Verdad” se encuentra en mutación debido a lo descrito en el primer inciso. A esto, yo lo llamo la Incompletud de la Verdad. Incompletud descriptiva de un Estado General de Cosas; e Incompletud de la Verdad en tanto cambios de interpretación debido a las condiciones generales, masivas, de manipulación y por acontecimientos civilizatorios, entendidos como fenómenos naturales.
Yo he escogido este camino que me hace darme cuenta de mi soledad. Yo elegí leer. Yo decidí escribirme. Escribirme en lo que camino por lugares donde las Esculturas de Interferencia me ambienten los sentimientos y me proporcionen una memoria que después me servirá como Libro, como una huella de mi Batalla.
Adoro a Hitler porque amo a Jesucristo. Creo en los Planes Judíos de Poderío Mundial. Creo en la dirección hacia el Apocalipsis encerrada en todas las cosas desde que la Historia se posesionó del Espíritu.
Describiré al Espíritu: un muñeco puesto a vibrar en una vitrina, como un Cuerpo Negro de Max Planck, y que teóricamente debería moverse para siempre entre uno y otro lado de su subjetividad, poniéndose en estado de rayo Láser al pasar a un lado de su aura interior, y convirtiéndose en un martillo de carne viva al transcurrir siete episodios de su relato personal, tirado en el cemento de los sueños automáticos.
Lo que se escribe no significa lo mismo que se entendió en la Escuela Primaria.
Yo he aprendido a tender la cama donde mi mujer y yo dormimos. Tiendo la cama con trucos.
Describiré al Espíritu de nuevo (no vaya a ser que los futuros habitantes de las estrellas no entiendan mi Literatura): el Espíritu es un Supermercado. Un lugar desde el que las cosas del Mundo son descritas como esperanza. Como cuando me metía a paginas de Interweb para constatar que el Tarot decía la verdad. Me refiero al Tarot Electrónico. Y la verdad de la que hablo es aquella de la que hecho mano cuando quiero explicar las cosas de mi contexto humano.
Cuando yo era más joven había contextos culturales más definidos. Ahora las cosas se han borrado. No hay una referencia central exacta. No hay un Canal de Televisión que le sirva de referencia generacional a los niños de altos recursos económicos. Hay tanta variedades de contactar con la música de los años 80, tantas maneras de llegar a la información de cualquier cosa, desde aspectos de Astrofísica hasta la manera en que las niñas acostumbran rechazar la sopa de pesado por preferir el helado. Hay tanta realidad virtual, tantos paisajes falsos, tanta variedad de vivencias que nunca se completan.
Para los niños mexicanos de la década de los ochenta, los niños de ciudad metropolitana, el Canal Cinco era una referencia obligada para saber de lo que trataba la existencia. Ese periodo fue el del surgimiento de las videocaseteras y de los videoclubs.
Y en tanto vehículos de sueño, los videos o películas en video que eran rentadas primero por negocios particulares y luego por cadenas de Video renta, cambió el modo en que nosotros niños nos adaptábamos al conocimiento de las cosas y de cómo eclosionaba nuestra soledad, los videopéliculas nos enseñaron a hacer de la soledad algo nuestro. Algo que nos pertenecía, sin duda, pero que resultaba demasiado claro.
Estaban los Videocentros, por ejemplo. Lugares alfombrados que apenas hacían uso de las computadoras. Lugares plagados de pósters de las últimas películas que apenas habían dejado de circular en los cines y que ya podían obtenerse en video.
Por ejemplo, La Historia Sinfín de Michael Ende, pero en versión de película. Yo nunca fui a verla al cine. La primera vez que tuve un vislumbre de lo que esa película significaba fue a través de los juguetres de promoción que ermpezaron a venderse en lo Sanborn´s. Justo un poco antes de que me empezaran a dar curiosidad los libros en la sección de revistas del Sanborn´s. Recuerdo que vi un libro biografía de Kerouack, pero yo no tenía ni puta idea de lo que eran los beatnicks en ese tiempo.
La Historia sin fin en versión película era una copia pirata mal hecha. El papá de mi mejor amigo en ese entonces (Solokiev) rentó la película. Recuerdo haber llagado a casa de mi amigo. Respetábamois mucho la intimidad del cuarto de sus padres. En ese ocasión la tele estaba encendidad y se ecuchaba el funcionamiento de los engranajes de la videocasetera. Para llegar a la habitación de Solokiev había que pasar por enfrente del cuarto de su padre. Lo unico que alcancé a ver fue la pantalla del televisor en la escena donde Atreyu llega a entrevistarse con La Emperatriz _Infantil del Reino de Fantasía, donde una junta de personajes extraños, mitad extraterrestres y mitasd fantásticos se reunían para saber lo que aquejaba al aEmperatriz, que moría poco a poco. Los pies del padre de Solokiev estaba descansando e+sobre el colchon, con los calcentines puestos, pero no se veía nada más de su corporalidad. Se escuchaba el ruido de su respiración pesada.
Creo que la videocastwera que el padre de Solokiev poseía era una Betamaxx. En ese tiempo existían la Betamaxx y la VHS.
Si tenías Beta estabas en onda. Pero si tenías VHS, estabas desfasado. Era cuestión de moda y de nivel de capacidad pseudosnob.
También era la época en que empezaba elk Intellevision y el Atari. Después, no mucho después, vendría el Nintendo.

