Capitulo 9 del advenimiento de lo que no existe
Publicado por dordellydordelly en Mayo 5, 2009
Ya estoy a salvo en mi Cuadrado Gigante, donde en una esquina angular de la mesa cuadrangular tengo mi Computadora Cuadrada.
Escribo sobre hojas rectangulares. Escribo con palabras raras pero siempre sobre hojas geométricas.
Los escritores que he leído no hablan del Mundo donde yo vivo. Nunca he leído que algún autor hable del cansancio de caminar por una Avenida repleta de Smog, mirando la tristeza de la Vida Diaria bajo la forma de un camión de Coca Cola que da la vuelta en una esquina antes de que se ponga el Siga, llevando sus Golosinas Líquidas a las Tienditas y a los Supermercados.

Nunca he escuchado que algún escritor hable del malestar que pudo haber llegado a sentir cuando pisó caca o de cuando la Chica de la Farmacia no quiso venderle el Medicamento Controlado ( aunque llevara la receta) porque simplemente llevaba consigo un Libro cuya portada era la Cara del mismísimo Hitler. Tampoco he leído de alguien que se ponga a describir una calle y la total agorafobia claustrofóbica que de repente sucede cuando nos damos un toque y percibimos todo lo que es un Encierro:
Coches en donde vamos protegidos de la realidad.
Departamentos que protegen del aire y de las tormentas, pero que si ocurre un terremoto y se descompone la estructura arquitectónica, entonces morimos aplastados.
Teléfonos Celulares que nos dan la sensación de cercanía y de que siempre habremos conquistado la Victoria sobre Todo lo Que el Mundo significa como Mundo, sin reflexionar por un momento que cualquier cambio en la estructura del Sol nos volvería Seres Congelados.
Y tomamos agua y miramos los atardeceres. Y vamos a las Fiestas y se nos dice que El Apocalipsis es una de las más retrógradas Lecturas que se le pueden hacer a lo real. Pero no he sabido de ningún filósofo que teorice acerca de la desesperación, de la tristeza, cuando no se tiene ni un centavo en el bolsillo y hay que llegar a Casa para tomar agua, porque el agua embotellada cuesta ya demasiados dólares.
Ni siquiera los Existencialistas, con todo su Sin Sentido y su extrañeza ante las cosas, pudieron reflejar lo que se siente cuando uno se pelea con la Mujer que vive con nosotros en nuestra Casa (así, lo anoto en su más estricto sentido esquizofrénico). ¿Y qué hay de esos pequeños detalles, de esos guiños, cuando en lugar de decir lo que tenemos que decir se nos escapa un sentido inalcanzable de las cosas y luego ya nos andan amenazando con metérnos al Manicomio?

“Para eso tenemos a los novelistas”, podrían decir ustedes, “Para eso tenemos los programas de televisión”.
¿Y el camión de Coca Cola? Maldito camión asqueroso que no han lavado en cinco años, con las puertas ruinosas, los asientos pegajosos donde va el chofer manejando contento y todos chamagoso, y las llantas con los rínes empuercados con desperdicios de pasto y tierra luminosa. Maldito camión que transporta lo que tanto nos gusta. El Líquido Negro.
¿Qué hay de cuando nos decimos lo prohibido a nosotros mismos pero que nunca le decimos a nadie más? ¿Qué hay de nuestros sueños de Dominación?
Porque la neta viajar en el Transporte para Pobres es bien chingón si uno de pronto se fija en cómo los hombres que andan gustosos por tener Mujer miran a las Mujercitas o a las Mayorcitas… y ellas como que no se dan cuenta y voltean para aquí y para allá, y yo muriéndome de hambre porque no soy Street Wise como Basquiat o como El Señor William S. Burroughs.
Porque a las mujeres no hay que golpearlas, las mujeres siempre son buenas. Nada más se agachan, pero son buenas. Nada más andan enseñando el culo y no quieren que alguién se las viole, pero son muy buena. Seres Femeninos que encarnan la pureza del Embarazo. Porque durante el embarazo todo es pletórico. Porqu durante el Embarazo, casi casi no hay metida de verga. Porque las mujeres son la Bondad Misma de La Historia Humana. Ellas no andan matando Cristianos, aunque tengan poder. Ellas nada más se vuelven Monstruos de otro tipo: Monstruos Metafísicos muy Físicos de Personalidad Cambiante; es decir, imagínense el terror que siente un niño cuando su mamá le dice que se porte bien, pero a gritos y zarandeándolo un poco sin perder el control, con el gesto de lo terrible en el rostro de esa mamá que se repite que no está bien eso de pegarle a sus hijos.
